La creatividad es una fuerza misteriosa para percibir la realidad de forma desacostumbrada, sin lógica.
Esa cualidad que permite ver las cosas no como de costumbre es algo totalmente necesario en el ejercicio del liderazgo.
El líder debe abrir puertas y descubrir caminos desconocidos, investigar sin descanso nuevas posibilidades y conseguir que la costumbre sea, para él y su equipo, lo desacostumbrado. Pero, sobre todo, debe diseñar alternativas innovadoras y no conformarse con elegir entre las que se le presenta, lo que implica recorrer un difícil camino que poco tiene que ver con esperar a que las cosas sucedan de repente.
En definitiva, el liderazgo es un ejercicio permanente de desestabilización de la rutina (dando el matiz más peyorativo a esta palabra), y sólo la innovación nos permite ese ejercicio.
Crear algo nuevo es unir conceptos, ideas o elementos que nunca antes habían sido combinados de esa forma. Nuestra única salvación está en poseer un conocimiento tan amplio como nos sea posible, pues la capacidad que tengamos de innovar estará directamente relacionada con la cantidad de conceptos, ideas o elementos que conozcamos. Cuanta más cultura, dicho sea en el sentido más amplio, poseamos, mayor será la probabilidad de encontrar combinaciones innovadoras que nos ayuden a huir de la rutina.
Decir que un líder debe ser creativo no es una moda, encierra toda una filosofía que empieza por la necesidad de romper moldes, sigue con la exigencia de ser culto y se mantiene con la necesidad de poner en marcha las novedades y gestionar los cambios que éstas suponen.